Sí, es rigurosamente cierto.

El verano de 1994 fue especialmente caluroso e inolvidable. Una noche de julio, con la luna colándose entre las ventanas mudéjares del portón de entrada de la plaza de toros de Las Ventas, subí a cantar con Bryan Adams.

Mi momento de gloria. Quince mil almas me observaban. Al parecer no lo hice mal del todo, aunque el canto nunca ha sido uno de mis talentos muy a mi pesar, pues en mis años mozos soñaba con ser el cantante de un gran grupo de rock.

Lo fui, por una noche, tres minutos que durarán para siempre.

Alcancé mi techo de popularidad.

Ese concierto me lo pagué trabajando unas Navidades en turnos de 12 horas desde las cinco de la mañana hasta las cinco de la tarde cociendo langostinos sin parar, toneladas. También cuidaba jardines, buzoneaba, lavaba coches. Después empecé como camarero para pagarme la Universidad. Aprendí un oficio.

Aprendí a salir adelante en un país extranjero, a defenderme llegando incluso a realizar un alegato en una lengua que no era la mía frente a juez con peluca de esas que se ven en las películas de juicios británicas para defender mis derechos como inquilino.

Abrí negocios y los cerré. Trabajé durante 18 años en una agencia de comunicación donde aprendí y fracasé a partes iguales.

Gané el primer concurso de tortilla de patatas de mi urbanización contra todo pronóstico.

¿Quieres la receta? 

Tengo cuatro hijos.

También dos perros a los que me llevo a correr cuando necesito pensar. Corro mucho, no rápido, sino muchos kilómetros. Me gustan las carreras de ultradistancia por la montaña. Con cuatro hijos, más que correr, yo huyo.

La música es un pilar en mi vida. Soy un firme defensor de la utilización de la música en el Copywriting. La música apela a las emociones y facilita los recuerdos. Yo todavía puedo ver los flashes de las cámaras de fotos brillando en miles de destellos mientras abrazo a Bryan y agarro el micro.

No te cuento todo esto para que me conozcas mejor, lo cuento porque así escribo tus propuestas.

Así que sí, en mis textos me gusta meter detalles, pinceladas relacionadas con la música. Nunca sabes dónde vas a encontrar a otro fan de tu grupo o de tu canción favorita. Y eso conecta mejor que cualquier fórmula prediseñada de copywriting.

Si a pesar de todo esto, todavía quieres saber más, puedes suscribirte a mi Ñusletter. Quizás compartamos algo más que una canción.