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Escribo sobre storytelling aplicado a propuestas, marcas, Startups y proyectos que compiten por atención (y suelen perderla).
Siempre cuento historias. A veces son mías, otras veces de músicos, de deportistas, de mis hijos, de mis hijas…historias.
He contado cómo convertir una canción en un éxito planetario bebiendo cerveza y cómo Frodo consiguió su papel haciendo un casting completamente diferente de lo convencional.
Una de mis favoritas fue cuando conté cómo conseguí llevarme un proyecto de una web explicando mi receta de la tortilla de patatas. A mis hijos les encanta. La tortilla, no la web.
Ese son el tipo de historias que cuento y en ellas aprenderás por qué algunas propuestas se recuerdan y otras acaban en un cajón, aunque sean buenas.
Yo hablo de historias con piel, con emociones. Algunas hacen pensar, otras reír, y seguro que también las habrá que te hagan llorar.
Si quieres ver cómo todas estas historias consiguen generar en ti un recuerdo, una conexión y un deseo de querer leer la siguiente, y entiendes lo importante que eso es para cualquier empresa, marca o negocio, entonces no tienes más que rellenar el formulario.
¿Hacemos historia?
¡Y, claro!
Falta un elemento de persuasión clave en cualquier estrategia de una página de captación que se precie de serlo. Si todavía no te he convencido para que te suscribas, meto aquí mi última bala para hacerlo. Cuando termines de leer no podrás entender cómo seguir viviendo sin todas estas cosas que te ofrezco en el bonus y caerás, irremediablemente, en la tentación de dejarme tu correo.
El Bonus.
Suscríbete y te explicaré porqué todas las conversaciones interesantes en las fiestas acaban siempre en la cocina.
Conocerás una manera fácil de competir en las cenas familiares con la paletilla de tu cuñada. Quiero decir, con el jamón de paletilla ibérica tan rico que siempre trae tu cuñada.
Conseguirás ganarte el respeto, eso se nota en sus miradas, de las abuelas de tu comunidad. Dejarás de ser el padre de los cuatro maldito niños (en mi caso) gritones para convertirte en un igual (o casi) culinario.
Tus amigos, esos que hace unos meses no te llaman para jugar al fútbol, reventarán tu whatsapp de posibles pachangas y de “no te olvides la tortilla”.
Esa madre soltera que ha acompañado a su hija al cumple de la tuya, probará tu tortilla, y, retirando suavemente con su lengua unos pequeños restos que le quedan en la comisura de los labios, te mirará a los ojos y, pensando en arrancarte todas las capas (de la cebolla), te dirá que es la mejor tortilla que ha probado nunca.
Tus hijos, orgullosos de su padre y deseosos de ganar dinero, empezarán a vender bocatas de tortilla en los recreos del instituto y podrás compartir tiempo de calidad con ellos mientras peláis los dos sacos de patatas para el business del día siguiente.
Por último, y lo menos importante, aprenderás cómo vendí una web con una presentación en la que contaba, paso por paso, la receta de mi premiada tortilla de patata, con un par de huevos.
Aunque tu negocio no sea de vender tortillas, esto te interesa.
No es cuestión de huevos.
Es mucho más fácil. Me dejas tu nombre y tu correo, y aprietas el botón.
Si buscas plantillas, trucos de persuasión o palabras que “conviertan”, no es aquí.
No es para todo el mundo y nunca debería serlo.
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